8.05.2009

y su vestido de domingo

Penélope, sí,
hoy me gustaría llamarte así.
Que me esperes en el andén
tejiendo alguna que otra bufandita, mediecitas o polainas.
Y que se te anude sólo un poquito la lana
y llegar justo en ese momento,
ayudarte a desenredarlo,
porque no hay cierres ni nudos que puedan contra nosotras cariño...
Y hacer de esta historia algo más que un triste final abierto.

Así me gustaría que fuera.

Yo que sé...

Estadía

La pequeña Nanit enfermose,
vuela de fiebre, duerme bastante
y cuando despierta me cuenta sus sueños extraños.
Y de pronto yo me convierto en enfermera
porque mamá tiene mucho trabajo.
Por suerte este hospital huele bien, no tiene salas de esperas
ni horarios de visita.
Y yo me puedo llevar mi colchón a su pieza
con mis viejas sábanas nuevas de los pitufos
para cuidarla por las noches y controlar que su vaso esté siempre
lleno de seven up.
Y miramos películas animadas con el Negro
que me pide que le pele las mandarinas
porque no le gusta que se le llenen las manos de olor.